renegar

(redireccionado de renegaba)
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  • all
  • verbo

Sinónimos para renegar

detestar

Antónimos

abjurar

Antónimos

blasfemar

Sinónimos

Sinónimos para renegar

Ejemplos ?
El diablo renegaba del afeminado aspecto de su rostro sin bigote, y habría ofrecido el oro y el moro por unos mostachos á lo Víctor Manuel, rey de Italia.
Yo renegaba, maldecía mi suerte...me costó una enfermedad física la idea de que al regresar a mi patria encontraría únicamente un pedacito de tierra, que cubría aquel cuerpo santo.
“Yo te digo -dijo- que si un hombre en el mundo ha de ser bienaventurado con vino, que serás tu.” Y reían mucho los que me lavaban con esto, aunque yo renegaba.
María Antonieta era una enferma de aquel mal que los antiguos llamaban mal sagrado, y como tenía alma de santa y sangre de cortesana, algunas veces en invierno, renegaba del amor: La pobre pertenecía a esa raza de mujeres admirables, que cuando llegan a viejas edifican con el recogimiento de su vida y con la vaga leyenda de los antiguos pecados.
El pobre Amado, criado entre algodones, no sabía saltar un charco, ni cruzar a nado un río, ni trepar a una montaña; en cambio, Ignoto servía para cualquier cosa, era fuerte como un toro, veloz como un gamo, y no cesaba de reírse de la torpeza de Amado, quien, a su vez, renegaba de su inutilidad.
Sin que supiese Apolo cómo ni cómo no se convertía, que mil cruces de verla se hacía; y viendo que la ninfa renegaba, y para lo del siglo se acababa; viéndola con los ojos laureados, y de laurel los dientes traspillados, cuando estaba crüel, ingrata y fiera, en el último vale de madera; antes que diese con aullido ronco la boqueada última de tronco, y antes que diese el cuerpo transformado al verde purgatorio de aquel prado, con las voces muy flacas y en los huesos, tono convaleciente y deslanguido, a lo estar en ayunas el gemido, tan metido en el centro, que parece que hablaba desde adentro, la dijo en aquel trance, en vez de un «Dios te valga», este romance: «¡Oh, qué verde necedad, ingrata Dafne, cometes!
La mayor parte de ellos empezaban a hablar de curar la sarna cuando ya andaban las ovejas harapientas y andrajosas, que ni con bañarlas se hubiera podido conseguir el vellón entero; todos tenían por costumbre confiar la majada a los muchachos; la soltaban por la mañana, dejándola ir a donde quería y se mandaban mudar para la esquina; carneaban los capones más gordos, malgastaban la carne, dejaban los cueros echarse a perder, se les extraviaban puntas de ovejas, las viejas morían por allí entre las pajas y se perdían con cuero y todo, los corderos se aguachaban, y al fin del año, se encontraba el patrón con poca lana y de poco valor, pocos capones, poco aumento, y renegaba contra los puesteros, y éstos también renegaban, porque no ganaban nada.
Carlos se acordaba únicamente del jardinito porque allí había empezado su vida aventurera; pero renegaba de su familia: su tío era un perro viejo que le había estafado sus alhajas, y Eugenia no ocupaba su corazón ni sus pensamientos más que como acreedora a quien debía seis mil francos.
Sin embargo, no renegaba del armonismo, aunque por culpa de este se estaba retrasando su carrera; no renegaba porque a él debía su gran energía moral, los solitarios goces de la virtud.
Si de vuelta de correr la sardina salía alcanzada la mujer del Tuerto en la cuenta que éste le tomaba rigurosamente, en el balcón se oía la primera guantada de las que administraba el desdichado marido a su costilla, desde el balcón llamaba a su padre, a su madre y a Tremontorio; desde el balcón les contaba lo sucedido, y renegaba furibundo de su mujer; desde el balcón imploraba el auxilio de Dios..., y de balcón a balcón se enredaba un diálogo animadísimo que entretenía, por espacio de media hora, a las gentes de la calle.
Cierto día, cuando más renegaba de la triste condición de la mujer, que no le permite revelar su afán, por hondo que sea, notó que disimuladamente el gallardo profesor pasaba un billetito a una alumna jorobada, hija única de un usurero millonario.
El hombre de banca se contrajo, porque era directo y acertado el golpe. Renegaba del año ya expirante; pero se guardaba de decir cómo había crecido en él su fortuna, cual espuma en batida chocolatera, a favor de las mismas calamidades que lamentaba.