rengo


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Sinónimos para rengo

renco

Sinónimos

Sinónimos para rengo

breco

Sinónimos

Ejemplos ?
22/1/93)." "De esta manera el mas alto Tribunal también arribo a la conclusión que sostiene la directa operatividad de las disposiciones de los tratados internacionales en nuestro derecho interno, criterio que quedo finalmente acuñado en el propio texto constitucional por la reforma de 1994, en cuanto confiere a los tratados jerarquía superior a las leyes y otorga al llamado "derecho internacional de los derechos humanos" rengo constitucional (art.
En los días lluviosos acostumbraba a pasar las mañanas en su compañía. Bajo la capota del carro, el Rengo improvisaba estupendas poltronas con bolsas y cajones.
REYES Y CAMPOS (José).— Militar y periodista. Nació en Rengo en 1845, en el seno de una familia agraria. Mui joven se incorporó en el ejército.
El Rengo, además de cuidador, tenía sus cascabeles de ladrón, y siendo "macró" de afición no podía dejar de ser jugador de hábito.
Zamora buscó fuera la causa, y dio en uno de sus soldados, chinazo fortacho y buen mozo aumentativamente. Los espió, haciéndose el rengo.
Recordamos que un pintor rengo, con gorro de papel, el tarro de pintura en una mano y la regla en la otra, cayó entre los últimos.
¡Vengo por ti para llevarte a una parranda, donde hay muchachas de arroz con leche y canela, y te encuentro en cama haciendo el chancho rengo!
Y porque le estimaban, al llamarle se reían con gruesas carcajadas, mas el Rengo reconociéndome desde lejos, para gozar de su popularidad caminaba despacio, cojeando ligeramente.
Detenido charlaba, charlaba sonriendo, mostrando los torcidos dientes con una perenne sonrisa picaresca; de pronto se iba, guiñando el ojo de soslayo a los peones de carniceros que, con los dedos de las manos le hacían obscenos gestos. —Rengo...
che, Rengo... vení —gritaban de otro lado. El pelafustán volvía su cara angulosa a un costado, diciendo que aguardáramos, y a fuerza de codo se abría paso entre las mujeres apeñuscadas frente a los puestos, y las hembras que no le conocían, las viejas codiciosas y regañonas, las jóvenes mujeres biliosas y avaras, las mozuelas linfáticas y pretenciosas, miraban con desconfianza agria, con fastidio mal disimulado, esa cara triangular enrojecida por el sol, bronceada por la desvergüenza.
HARPAGÓN Al menos, lo cargo sobre tu conciencia. ESCENA CUARTA HARPAGÓN (solo) Cuánto me molesta este pícaro de lacayo; no me hace ninguna gracia ver a este perro rengo.
¿En la timba del Rengo? En el pago no hay ni habrá casas de juego, señora, ¡al menos mientras yo sea comisario de policía! El Rengo pagaba puntualmente sus mensualidades a Barraba, y no había por qué ni para qué molestarlo.