seguir

(redireccionado de seguí)
También se encuentra en: Diccionario.
Búsquedas relacionadas con seguí: seguir
  • all
  • verbo
  • pronominal

Sinónimos para seguir

ir detrás

Sinónimos

Antónimos

perseguir

Sinónimos

acompañar

imitar

Sinónimos

Antónimos

continuar

Antónimos

estudiar

originarse

Sinónimos

Sinónimos para seguir

Ejemplos ?
Con esto, y con que la noche también ayuda nos hizo, las seguí, y entré en su casa, de que estamos tan vecinos, que es esta que estás mirando, cuyo soberbio edificio avaramente publica los tesoros escondidos.
V Con el periódico desplegado a la altura del rostro, seguí devorando con los ojos al desconocido, que apenas hacía un movimiento y sólo de tarde en tarde alzaba un poco la desmayada cabeza.
—murmura aún el primero. —Me fijé, papá... Pero cuando iba a volver vi las garzas de Juan y las seguí... —¡Lo que me has hecho pasar, chiquito!
En la Place du Château–d'Eau, sin embargo, un borracho estuvo a punto de tropezar conmigo, y luego desapareció. Durante algún tiempo seguí oyendo su paso desigual y sonoro.
Mi vida se reducía a soplar. Ramón no me abandonaba. Emigré a Francia, y en Francia seguí tocando la corneta. ¡La corneta era yo!
¡Estoy vengado! Después, loco de furor, seguí matando..., y maté... hasta después de anochecido..., hasta que no había un cristino en el campo de batalla.
Pompeyo dio la muerte a mi padre, y aborreciéndole como a homicida suyo, luego que contra Julio en defensa de vosotros tomó las armas, le perdoné el agravio, seguí sus órdenes, milité en sus ejércitos y en Farsalia me perdí con él.
Fray Ambrosio iba delante, mostrándome el camino: A su paso una puerta se abrió sigilosa: El exclaustrado volvióse llamándome con la mano, y desapareció en el zaguán. Yo le seguí y escuché su voz: —¿Se puede encender candela?
Yo esperé algún tiempo, y después la seguí: Al rumor de mis pasos, la miré huir toda blanca, y ocultarse entre los cortinajes de su lecho: Un lecho antiguo de lustroso nogal, tálamo clásico donde los hidalgos matrimonios navarros dormían hasta llegar a viejos, castos, sencillos, cristianos, ignorantes de aquella ciencia voluptuosa que divertía el ingenio maligno y un poco teológico, de mi maestro el Aretino.
Yo seguí con muchas ideas como éstas, y cuando las palabras de ella volvieron, la señora Margarita parecía instalada en una habitación del primer piso de un hotel, en la pequeña ciudad de Italia, a la que había llegado por la noche.
Y con el pulcro y recatado andar desapareció en la sombra del corredor. Yo, aparentando indiferencia, seguí la plática con la otra señora: —Volfani es como un hermano para mí.
Lo extendió de Choele Choel, primero a Puerto Madryn; luego de Puerto Madryn –me tocó inaugurarlo a mí, pero lo hizo él– a Pico Truncado y yo seguí de Pico Truncado; y ahora conectamos Río Gallegos y Calafate, y próximamente conectaremos el resto de la provincia de Santa Cruz.