sentado


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  • adjetivo

Sinónimos para sentado

sésil

Sinónimos

Ejemplos ?
Por fin se presentó Sócrates después de habernos hecho esperar algún tiempo, como solía, y cuando ya habíamos medio cenado. Agatón, que estaba sentado solo en un triclinio, en un extremo de la mesa, le rogó se pusiera a su lado.
Aquí y allá grandes espejos de peluquería enmarcados con papel dorado se devolvían de uno a otro el silencioso paseo de las máscaras, es decir, ya no se lo devolvían, pues todos se habían sentado ahora alineados, inmóviles, a ambos lados de la vieja iglesia, sepultados hasta los hombros en las viejas sillas del coro.
Loco de terror, arranqué la cogulla del enmascarado sentado en la silla vecina: la capucha de terciopelo verde estaba vacía, vacía la capucha de las otras máscaras sentadas a lo largo del muro.
Iba y venía de un cuarto a otro, asistiendo sin interés alguno al movimiento de mi familia, aunque alguna vez me detuve en la puerta del comedor a contemplar el hosco dolor de mamá, que rompía a veces en desesperados sollozos ante el sitio vacío de la mesa donde se había sentado su hija menor.
Un esclavo de Agatón me condujo sin demora a la sala donde los comensales se habían sentado ya a la mesa esperando que se les sirviera.
“Muy bien”, fue respondido. En seguida se encaminaron hacia la punta en donde Principal Guacamayo estaba sentado en su sitial con respaldo.
Salvo un enorme coracero de uniforme, una especie de truco de mandíbula pesada y bigote rojizo, sentado junto a dos elegantes dominós de seda malva y que bebía con la cara descubierta, los ojos azules ya vagos, ninguno de los seres que allí se encontraban tenía rostro humano.
—murmura el hombre. Y, exhausto se deja caer sentado en la arena albeante, rodeando con los brazos las piernas de su hijo. La criatura, así ceñida, queda de pie; y como comprende el dolor de su padre, le acaricia despacio la cabeza: —Pobre papá...
Y juro que fueron fuertes las dos horas que pasamos mi mujer y yo, con la luz prendida hasta que amaneció, ella acostada, yo sentado en la cama, vigilando sin cesar la arpillera flotante.
La joven se llevó un dedo a los labios recomendándole que guardara silencio; pero a la viuda le había sentado muy mal la segunda palabra de aquella interrogación, y apresuróse a responder: -Está usted en un lugar honesto o sea en la casa de la Generala Barbastro, Condesa de Santurce, servidora usted.
Y en el mismo pajonal, sitiado siete días por el bosque, el río y la lluvia, el superviviente agotó las raíces y gusanos posibles, perdió poco a poco sus fuerzas, hasta quedar sentado, muriéndose de frío y hambre, con los ojos fijos en el Paraná.
En su apuro, se dirigió al médico Eryximacos, a cuyo lado estaba sentado, y le dijo: Es preciso, Eryximacos, que me libres de este hipo o que hables por mí hasta que se me haya pasado.