sepultar


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Sinónimos para sepultar

enterrar

Sinónimos para sepultar

abismar

Ejemplos ?
Su máquina contiene cosas de valor.” La operación de hundir la escuadra no resultó tan fácil y sólo la energía del comandante Astete y el patriotismo y abnegación de los oficiales de marina que lo ayudaron en esta faena pudieron vencer los obstáculos que se presentaron para sepultar en el fondo del mar los últimos buques del Perú.
Fue también Nicodemo - aquel que anteriormente había ido a verle de noche - con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras. 40. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar. 41.
Depósitos de piedad llama Tertuliano a estas ofertas, hechas espontáneamente por los fieles en cada reunión, porque se empleaban en alimentar y sepultar a los pobres, y en auxiliar a los niños y niñas huérfanos, así como a los ancianos y a los náufragos Apolog.
Pero en cuanto pueda y me sea lícito, me lamentaré así y daré gritos, poniendo a los dioses por testigos de que me prohíbes tocar y sepultar los cadáveres de los hijos que mataste: ¡ojalá que nunca los viese, si habían de perecer a tus manos!
Audaz mi pensamiento El cénit escaló, plumas vestido Cuyo vuelo atrevido —Si no ha dado su nombre a tus espumas— De sus vestidas plumas Conservarán el desvanecimiento Los anales diáfanos del viento »Esta, pues, culpa mía El timón alternar menos seguro Y el báculo más duro Un lustro ha hecho a mi dudosa mano, Solicitando en vano Las alas sepultar de mi osadía Donde el Sol nace o donde muere el día.
Que toda la religión de los paganos se empleó y resumió en adorar hombres muertos Y verdaderamente es digno de advertir cómo este egipcio sintiendo el tiempo que habla de sobrevenir, en el cual había de desterrarse de Egipto lo mismo que confiesa fue establecido por los que andaban muy errados y eran incrédulos y contrarios al culto de la religión divina, entre otras cosas, dice: «Entonces esta tierra, que es un venerable asiento de los delubros y templos, estará sumamente llena de sepulcros y difuntos.» Como si de no desaparecer esta vana superstición, no hubieran de morir los hombres, o se hubieran de sepultar los muertos en otra parte que en la tierra...
Y así, vemos que los entierros de los antiguos justos se hicieron en su tiempo con mucha piedad, y que se celebraron sus exequias, y se proveyeron de sepultura, encargando en vida a sus hijos el modo con que debían sepultar o trasladar sus cuerpos.
En vano los impostores políticos ó erguidos aristócratas, intentaron paralizar esta justa empresa, embazando el interés público con el mantenimiento de antiguos abusos á la par de estériles esperanzas, los tiempos y la fuerza misma de las cosas han completado ya la revolución moral en los sentimientos é ¡deas de los americanos; su indefinición política ó su neutra permanencia, ó los arrastraría á la disolución de una espantosa anarquía, ó los volvería á sepultar en la calma estúpida de la mas ignominiosa servidumbre, descendiendo á ella con los sagrados derechos de que no hubiesen hecho uso en su tiempo y en su turno.
Donde también aprendemos para nuestra salud cuán grande puede ser el premio y remuneración de las limosnas que distribuimos entre los vivos indigentes, pues a Dios no se le pasa por alto ni aun el pequeño oficio de sepultar los difuntos, que ejercemos con caridad y rectitud de ánimo, nos ha de proporcionar una recompensa muy superior a nuestro mérito.
Queremos un México en que no se levanten barricadas para que luchen violentamente hermanos contra hermanos, sino ágoras, donde pueda elevarse libremente la voz de los mexicanos, ennoblecida por los acentos de la razón y la justicia; en el que se fabriquen muchas urnas para votar y no féretros para sepultar a las víctimas de discordias fratricidas.
Fundamos esta incitación en los siguientes hechos y futuras realidades: 1ª Que la obra de Batlle en sus dos presidencias, a sido de grandes beneficios para la causa obrera y reparadora de grandes injusticias sociales; 2ª Que la acción de Batlle es hoy la fuerza política más liberal y avanzada del Uruguay, y la reforma de la constitucional del año 1830, a base de gobierno colegiado, la mejor obra a que puede aspirar una democracia; 3ª Que, triunfante el colegiado, habreis contribuido a sepultar para siempre los personalismos y mandones...
He aquí dos de sus estrofas que traducimos del quichua, sin alcanzar, por supuesto, a darlas el sentimiento que las presta la índole de aquella lengua, en la que el poeta haravicu desconoce la música del consonante o asonante, hallando la armonía en sólo el eufonismo de las palabras. ::«Ábreme infierno tus puertas ::para sepultar mi espíritu ::en tus cavernas.