serenarse


También se encuentra en: Diccionario.
  • pronominal

Sinónimos para serenarse

aclararse

Sinónimos

Antónimos

sosegarse

Sinónimos

Ejemplos ?
Alberto empezó a serenarse, pero cuando el artista tomó el violín de nuevo y siguió tocando la interrumpida pieza, el joven sintió el mismo malestar, se desprendió de los brazos de sus amigos y echó a correr como un loco, sin que Manuel ni Luis lograsen alcanzarle.
Tu anciano padre, el gladiator ibero que a Grecia España opone, con el silvestre olivo coronado, por quien la áspera Ronda ya se pone sobre Elis, y el ligero Asopo el raudo curso ha refrenado, cediendo al despeñado Guadalevín; tu padre, que el famoso nombre y valor en ti ve renovarse, no puede serenarse, hasta que mira al golpe poderoso el bruto impetüoso muerto a tus pies, sin movimiento y frío, con temeraria y asombrosa hazaña, que por nativo brío solamente no es bárbara en España.
Nada más grande Ojos humanos contemplar pudieron, Cual lo que vio la moribunda gente, Al descender el celestial rocío Del divino perdón sobre su frente; Abrirse el cielo, serenarse el mundo, Entre Dios y la mar la Cruz alzada, Y descender con palmas y coronas Las sombras de sus mártires patronos, Las de los dos celtíberos guerreros.
Le habían echado un balde de agua sobre el cerebro. Le costó serenarse. -Yo no pretendo -dijo con lentitud y voz humilde- comunicar el entusiasmo de una idea que es, por cierto, extravagante.
Y sin que refrenase su dolor la inquebrantable fe religiosa que daba vigor a su alma, la joven condesa, lloró durante meses a su difunta madre sin hallar consuelo, y olvidada casi de cuantos devaneos, ilusiones y esperanzas habían poetizado su solitaria existencia en aquellos últimos tiempos. Poldy, sin embargo, aunque no se consoló, hubo al cabo de serenarse y calmarse.
El mar acabó de serenarse, y la brillante lumbrera del cielo hacía mas agradable el camino que la flota seguia; y esta continuó su curso gritando todos:-"Sús!
Poco tardó en serenarse y entregarse a gozar de su suerte, mudándose a espaciosa y señoril vivienda, admitiendo criados y montando casa según correspondía a su nuevo estado de fortuna.
Un miedo inexplicable rumorea en el corazón. Para serenarse, siempre es conveniente beber un vaso de agua fresca y hacer con la pluma negros rasgos sin sentido.
La que ha tenido mas hijos, le respondí yo. Turbada un poco en el momento, procuró serenarse, observándome que yo tenía opinión de amar poco a las mujeres.
-¿Y Antonio? -preguntó al cabo de un momento de silencio y haciendo un esfuerzo para serenarse. -¿No lo he visto, acaso no has sabido?...
Poco a poco tranquilizóse, y la Madre Abadesa nos llevó al jardín, para que respirando la brisa nocturna, acabase de serenarse la Marquesa.
Era presa de un ataque de locura, tuvo miedo y llegó a serenarse, aunque hay que decir de una manera confusa, porque no recordaba la causa de su horrible estado, es decir, el problema del dinero.
Famosa se hizo aquella frase de sus adversarios, cuando queriendo quitar importancia, en vísperas de elecciones, al partido de Vaso, para serenarse dijeron: -¡El partido de Vaso no son más que cuatro gatos!, como diciendo que fracasaría en su intento de salir elegido.
Todavía perdura en la retina de muchos sorianos, aquel carnaval de 2001 en el que el vidente Paco Porras fue recibido con una lluvia de huevos, tomates y hortalizas. Porras buscó refugio para serenarse y tuvo que abandonar la plaza escoltado por la Policía.
En ese ambiente se instaló, el 8 de junio de 1891, la Asamblea Constituyente y en julio, Américo Brasiliense, ya ejerciendo como presidente del estado, promulgó la primera constitución paulista. Los ánimos parecían serenarse, cuando el golpe de Deodoro da Fonseca hizo renacer la agitación.
Es una peleonera natural -la bizquera le crece con cada rabieta-, manipula su entorno minuciosamente y explota igual de fácil que logra serenarse: tiene la mecha corta y las antenas largas, encuentra de inmediato el lado flaco ajeno.
Con el tiempo los ánimos lograron serenarse y el partido se reanudó y con gol de último minuto el Nacional se alzó con la victoria, así termino uno de los clásicos más violentos del fútbol de Jalisco.
Jack, Sayid y Sawyer llegan hasta el barco y se sorprenden al encontrar a Desmond en él, borracho y enajenado. Tras serenarse un poco, lo único que acierta a decir es que no hay salida a la isla, que están atrapados en ella.
El hastío dominó el espíritu de Malloa y Pelequén se le hizo insoportable, hasta que un día le dio muerte. Su felicidad se trocó en remordimiento y para serenarse consultó al hechicero.