tamizar

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Sinónimos para tamizar

Ejemplos ?
No sólo los títulos de los libros de Ambroggio sino “los subtítulos llevan a un universo único que seduce, que impele a que la imaginación quede presa en ellos, como se ve en 'El farol seco' o 'La muerte del tiempo' de su poemario, El testigo se desnuda, en 'Ritos evaporados' de Los habitantes del poeta o 'Jugando con Humo' de Laberintos de Humo… Ambroggio tiene una incesante curiosidad intelectual que queda tamizada en el verso como un consistente deseo de entender la existencia humana sin nunca perder la dignidad trágica … Todos sus libros son además de joyas literarias tratados metafísicos en miniatura” (Introducción a El exilio y la palabra).
La piel externa actúa como regulador climático permitiendo que la luz entre de forma tamizada y tenue, al mismo tiempo que proporciona al edificio una apariencia liviana suavizando su aspecto visual en el contexto urbano.
La obra de Román Ribera se caracteriza por la precisión en el dibujo y el cuidado en la aplicación del color, con una luz tamizada con la que consigue envolver los ambientes dentro de una atmósfera siempre cálida y elegante.
Avivada perfectamente la hoja con tierra arenisca tamizada, se limpia a veces el cobre con una fuerte solución de nitrato de plata, pero esta operación preliminar no es completamente necesaria.
¡Llueve, Señor; llueve, llueve! En mi estancia, iluminada por esta luz invernal —la tarde gris tamizada por la lluvia y el cristal—, sueño y medito.
«A la orilla del mar, una hermosa cabaña de madera, envuelta por todos estos árboles raros y relucientes, cuyos nombres olvidé...; en la atmósfera, un aroma embriagador, indefinible...; en la cabaña, un poderoso perfume de rosas y de almizcle...; más lejos, detrás de nuestro breve dominio, puntas de mástiles mecidos por la marea...; en derredor, más allá de la estancia, iluminada por una luz rosa, tamizada por las cortinillas, decorada con esterillas frescas y flores mareantes y con raros asientos de un rococó portugués, de madera pesada y tenebrosa -en donde ella descansaría, tan quieta, tan bien abanicada, fumando tabaco levemente opiáceo-; más allá de la varenga, el bullicio de los pájaros, ebrios de luz, y el parloteo de las negritas...
Procuro evitar el dato erudito que, cuando no tiene gran belleza, cansa a los auditorios, y en cambio, persigo subrayar el dato de emoción, porque a vosotros os interesa más saber si de una melodía brota una brisa tamizada que incita al sueño o si una canción puede poner un paisaje simple delante de los ojos recién cuajados del niño, que saber si esa melodía es del siglo XVII o si está escrita en 3 por 4, cosa que el poeta debe saber, pero no repetir, y que realmente está al alcance de todos los que se dedican a estas cuestiones.
Era una tarde de agosto, muy calurosa aún en Asturias; pero allí mitigaba la fiebre que fundía el ambiente una dulce brisa que se colaba por la angostura del valle, entrando como tamizada por entre ramas gárrulas e inquietas del robledal espeso de la Voz que da sombra en la carretera en un buen trecho.
La luz, tamizada por la tela y la puntilla, produce una penumbra, una dulce semiclaridad que envuelve el rostro y le da esa gracia virginal que buscan los pintores en su paleta y que Leopoldo Robert acertó a encontrar para la cara rafaélica de la mujer que tiene un niño en brazos en el cuadro de Los segadores.
Los hallazgos recientes de la psicología cognitiva que valora el acercamiento al texto por leer (entendido ya como cualquier tejido sígnico icónico, fónico, kinésico, objetual, etc.), como una traducción imposible de encontrar fácilmente en el propio texto, sino tamizada por las vivencias, experiencias y bagajes de la cultura personal del lector, me impulsa a insistir en que no debe seguir pensándose que la lectura ha de continuar reducida a la prisión de una hoja, y sólo lo que allí se dice, vale literalmente; sin imaginar cuánto se puede ir más allá; sin impulsar la promoción que el texto realiza para salirse de él y extender la significatividad del mismo en las acciones creativas de los lectores.
Constituido este cuentario por el mágico número de siete, como si se diseminaran allí los siete días de alguna creación amorosa, en cada uno de los relatos que lo conforman, se pasea una perspicaz ironía, tamizada por la exactitud de las palabras, donde la pasión de amor casi siempre sucumbe hecha cenizas y lo enamorable se deslava en sus ardides estériles.
Las autoras serán elegidas para escribir el libro de texto gratuito para primer año en 1959, donde presentan metodología semejante pero tamizada como método ecléctico.