tejer

(redireccionado de tejía)
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Sinónimos para tejer

discurrir

Sinónimos

Ejemplos ?
Muerte me ha muerto; y sola puede Muerte hacer que vuelva ver el gesto ledo que me agradaba con suspiro y llanto (la lluvia y la aura dulce de mis noches), cuando tejía con conceptos rimas, alzando Amor mi descompuesto trazo.
Entre ella y mi rebaño, los días se iban deslizando y yo sólo esperaba que el Inca me la diese por esposa. Yo la llevaba lana de las alpacas de mi grey y ella la tejía para mi regazo.
Un toque de rosa marchito apareció un momento en sus pómulos. Un amago de sonrisa descubrió el horror gris de la caverna, donde el tiempo cruel, sobre las ruinas, tejía su telaraña...
Los portentos del Tiziano, y los que el arte prolija de la bélgica paciencia, émula de aquel, tejía, escaleras, antesalas y corredores vestían, pareciendo sus figuras, figuras de bulto y vivas.
La esposa de Héctor nada sabía, pues ningún mensajero le llevó la noticia de que su marido se quedara fuera del muro; y en lo más hondo del alto palacio tejía una tela doble y purpúrea, que adornaba con labores de variado color.
2. Y, al tercer día, mientras tejía la púrpura con sus manos, se le presentó un joven de inenarrable belleza. Al verlo, María quedó sobrecogida de temor, y se puso a temblar.
En tal manera fue, y tal priesa nos dimos, que sin dubda por esto se debió decir: “Donde una puerta se cierra, otra se abre.” Finalmente, parecíamos tener a destajo la tela de Penélope, pues cuanto el tejía de día, rompía yo de noche; ca en pocos días y noches pusimos la pobre despensa de tal forma, que quien quisiera propiamente della hablar, más corazas viejas de otro tiempo que no arcaz la llamara, según la clavazón y tachuelas sobre sí tenía.
A veces las burbujas eran atravesadas por un asombroso estambre que surgía de una gran ráfaga diamantina y las tejía como haciendo una regia capa de gigantesco telón que se iba alzando hasta descubrir las calles de aquella ciudad submarina.
Dejando al Turia sus delicias, vino donde ya le tejía la esperanza los verdes rayos de aquel árbol solo, que los abrazos mereció de Apolo.
El escaparate (si con tanta pompa ha de calificarse la delantera de Bonaret) luce -en lugar de crujientes sedas y muebles terciopelos, cacharros artísticos o sombreros recargados de plumas- algunas sartas de cuentas verdes, cajitas de cartón llenas de abalorio, naipes bastos, tijeras enferrizadas, navajillas tomadas de orín, madejas de felpa y estambre para bordar...: todo atrasado de fecha medio siglo, cubierto de un tul gris por el polvo; en términos, que los ojos perspicaces y burlones de los ociosos marinedinos comprobaron diariamente los progresos del tapiz que tejía una gruesa araña, muy pacífica, en el ángulo izquierdo del escaparate.
Pero su vida era fría como un desván cuya ventana da al norte, y el aburrimiento, araña silenciosa, tejía su tela en la sombra en todos los rincones de su corazón.
Y dicho esto dio media vuelta el viejo y a poco se perdía entre los matorrales del monte cercano, en que la luna tejía maravillosos encajes de luz y de cristal con sus argentadas melancólicas claridades.