temblar

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  • verbo

Sinónimos para temblar

tremer

Sinónimos

rilar

Sinónimos para temblar

agitarse

Sinónimos

Ejemplos ?
En su batir, de ruido el aire llena; Con un alma eternal vivir parece; Si se estrecha, si crece, Susurra siempre y truena; Y en las colinas que le ven temblando De una á ora el eco corre retumbando.
¿En qué fantástico mundo de pesadilla había penetrado? No se atrevió a avanzar ni a retroceder, y permaneció inmóvil, temblando, en la negra curva del rellano de la escalera.
Después, vencido por el agotamiento, se encerró en casa, envuelto en una bata, y se limitó a mirar por la ventana de poniente. Así pasó varios días, temblando siempre que amenazaba tormenta y haciendo anotaciones horribles en su diario.
Tres días más tarde Nahum se presentó en casa de Ammi muy de mañana, y en ausencia de su huésped le contó a la señora Pierce una horrible historia que ella escuchó temblando de miedo.
Mirando a través de los cristales vimos árboles plantados en el centro de una acogedora habitación, adornados con los objetos más preciosos: manzanas doradas, pastelillos, juguetes y centenares de velitas. -¿Y después? -preguntó el abeto, temblando por todas sus ramas-. ¿Y después?
Y su Tratado de Llanto era lectura obligada. El pueblo siempre temblando hablaba en ley aceptada. Don Blasfemo tenía el trono protegido a sable y cable y era intrépida tragedia la sonrisa inalcanzable.
hasta ayer, por la mañana, cuando me acercaba al balcón de mi recámara, temblando de melancolía, lo miré en aquella esquina -y señaló -Inmediatamente bajé para traerlo a casa.
Calló, rota, anudada la voz, y echóse a la calle sin cuidarse de la lluvia que caía en chaparrón sobre las losas. La doncella, temblando de miedo, me guió adonde esperaba su señora.
Se va ¡r derechito al infierno. ¡No! No debemos, este día no. De una vez. Estoy temblando. No... no... No me beses. ¡Déjame, por favor!
La anciana entró en su casa temblando y dio gracias a Dios de rodillas porque había hecho por ella mucho más de lo que podía desear ni comprender.
Viéndolos turbados y viéndose herido, quiso Bruto sosegarlos con razones y orar; mas, como el temor del pecado empiece ciego y acabe sordo, se halló sin oyentes; porque, atentas sus almas al razonamiento interior de sus conciencias, poseídas de horror, derramando frío temeroso en sus corazones, temblando, y con ímpetu desordenado por salir del Senado unos antes que otros, se embarazaban en la puerta su propia fuga.
Salió cautelosa y tímida de su celdilla temblando, a todas partes mirando, y a tientas guiando el pie; mas ya en la lucha postrera, próxima a colmar su falta, siente que el pesar la asalta y que renace su fe.