tugurio


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  • sustantivo

Sinónimos para tugurio

choza

Ejemplos ?
hip... Invítame otra cubita ¿no?— y regresan al tugurio. En el interior del negocio, cómplice de la pobreza del hombre mísero, se escucha el escándalo lujurioso producido por las disputas que de vez en vez surgen entre los ebrios.
Al entrar el escribano en su tugurio, salió a abrirle la puerta nada menos que Visitación, la desdeñosa y remilgada Visitación, que ebria de amor se arrojó en los brazos de Tijereta.
Dicho y hecho; nos embutimos en un simón -a esas cosas no se suele ir en coche propio-, llegamos a la calle de la Cruz Verde, nombre fatídico que recuerda la Inquisición, subimos una escalera destartalada y entramos en una salita con muebles antiguos, de empalidecido damasco carmesí... -¿Y cómo es que una hechicera parisiense se había metido en tal tugurio?
En mezquino tugurio, compuesto de cuatro piedras ligadas por muros de ladrillo, albergue tan mísero que sólo dejaba espacio para la cocina y para el comedor con una cama, vivía con su padre la Mariposa.
Menos tipo de héroe de novela, si cabe, era el de don Atilano Bujía, tendero de ultramarinos establecido frente por frente al tugurio de Bonaret.
Y yo tenía al perseguido entre mis brazos, su cuerpo tembloroso de espanto contra mí, y una misericordia infinita me inclinaba hacia el adolescente quebrantado. Lo arrastré hasta mi tugurio.
Frente al tugurio se alzaba la panera, que servía también de dormitorio a la muchacha. Era ésta la costurera única de la aldea; el Manco y ella alimentábanse del producto de la aguja.
Así, pues, me dejé arrastrar por la compañera, o más bien, por aquel enigma inesperado. Omito la descripción del tugurio; la podrían encontrar en varios conocidísimos poetas franceses.
Al latir enhiesto de su tugurio agitado, tumulto de hogueras viandantes, sin saber por qué caminos palpitarse, revuelto en sus extravíos, el corazón que lo alzaba encerró su pánico entre la soledad...
Lo mismo en el mugriento y sombrío tugurio de un miserable que en el alfombrado gabinete del aristócrata, la «tauromaquia» tiene adeptos que la protegen y femeniles bellezas que la hacen cuestión «capital» de familia.
Del castillo feudal a la cabaña, del palacio al tugurio, del numeroso pueblo a la montaña fue su bendito nombre símbolo fausto y bienhechor augurio, fe y esperanza y caridad del hombre.
Hermosa la mañana, Rica de luz y de oriental aroma, Imprime sobre mármoles y muros Las huellas de su beso luminoso, Y aun parece que alegra y regocija De mi estrecho tugurio los rincones, Donde alzan la cabeza, Como anhelando resurgir a vida, En mudos libros los ingenios muertos ¡Alegre día!