vestido


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Sinónimos para vestido

cortar un vestido

Sinónimos

Ejemplos ?
En seguida estos tres pintaron. Primero Brujo del Envoltorio pintó de los jaguares la imagen, la pintura, en la faz del vestido. En seguida Brujo Nocturno de las águilas, la imagen, la pintura, en la faz del vestido.
A mi modo de ver, todo cuanto se ha dicho es como si después de la muerte de un anciano tejedor se dijera: este hombre no se ha muerto, porque existe en alguna otra parte, y la prueba de ello es que aquí tenéis el vestido que llevaba y que él mismo se confeccionó; todavía está entero y no ha perecido; y si alguno rehusara rendirse a esta prueba, le preguntaría quién es más durable, si el hombre o el vestido que lleva y del que se sirve.
Guarda-Botín pintó entonces por todas partes abejas, por todas partes avispas; la imagen, la pintura, en la faz del vestido. Los tres terminaron la pintura de las tres piezas de tela que pintaban.
Y siguieron tratando de cosas bellas y virtuosas. Pero en la cocina había también alguien que hablaba; era el duendecillo, el duendecillo vestido de gris, con su gorrito rojo.
El hada se había transformado en una linda muchachita, pero su vestido seguía siendo de la misma tela verde, salpicada de flores blancas, que llevaba en el saúco.
Había ido creciendo a lo largo del tiempo, a costa de horas, bajo fuertes jaquecas, pero también como fruto de claras noches, es decir, de bailes cortesanos. Emilia había asistido ya al primer baile; su madre llevaba un vestido rojo brillante, con encajes negros: traje español.
La diosa Atenea de ojos glaucos le dio ceñidor y la adornó con vestido de resplandeciente blancura; la cubrió desde la cabeza con un velo, maravilla verlo, bordado con sus propias manos; y con deliciosas coronas de fresca hierba trenzada con flores, rodeó sus sienes Palas Atenea.
Me encontraba tumbado en medio de mi habitación, el cuerpo en la alfombra, la cabeza apoyada en el sillón, y De Jacquels, vestido de gala bajo una túnica de monje daba órdenes a mi atolondrado ayuda de cámara, mientras las dos velas encendidas, llegado su fin, hacían estallar sus arandelas y me despertaban...
Supo al día siguiente al abrir por casualidad el ropero, lo que es ver de golpe la ropa blanca de su mujer ya enterrada; y colgado, el vestido que ella no tuvo tiempo de estrenar.
Formaban el resto de su vestido una piel de oso y grandes botas, mientras los hijos iban con el cuello descubierto y pantalones sin tirantes, pues eran hombres de pelo en pecho.
Texto Arrastrados del miedo, con gran escándalo ensangrentados, y los puñales desnudos, huyeron todos, y de su entierro, Antonio pedía que se leyese en Marco Antonio, temeroso y mudándose el vestido, se escondió.
Y sólo el Supremo Hacedor sabe hasta cuando hubiera durado el diálogo de nuestros dos benditos protagonistas de no haber penetrado en aquel momento en la Venta del Ventolera, que así designan en Humaina y Roalabota el lugar donde aquellos dos nobles patricios platicaban, un nuevo personaje, hombre ya pasado, plegado, arrugado y casi del todo torcido por más de setenta navidades, vestido típica y pobremente y envuelto el escuálido busto en una manta que debió empezar a prestarle sus servicios, sin duda, allá en sus ya más que remotas, remotísimas mocedades.