zaino


También se encuentra en: Diccionario.
  • all

Sinónimos para zaino

falso

Ejemplos ?
Entró Juanita Breña, en un zaino manchado, raza de Chile, y le dio tres suertes, sentando el caballo en la última para esperar nueva embestida.
—Es lisonja que usted me hace, mas vamos claros, pardiez, que eso va largo y me esperan, amiguito don Andrés. Yo soy un hombre algo zaino, que, como usted sabe y ve, estoy hasta aquí de versos (y le señalé a la nuez).
Por la Quijano, doncella De perversa honestidad, Nos mojamos yo y Vicioso, Sin metedores de paz. En Sevilla el Árbol seco Me prendió en el arenal, Porque le afufé la vida Al zaino de Santo Horcaz.
¡Lindo, entonces! Hágame ensillar el zaino. Y media hora después, don Luis Casalla llegaba a la estancia de Los Galpones, donde encontró una comisión que hacía su recorrida mensual en los establecimientos del partido.
La alegría iba subiendo de tono; las conversaciones se hacían más bulliciosas; las ponderaciones al picazo o al zaino se exageraban, y ya, sólo a gritos, se podía imponer al prójimo la convicción de que ese o el otro iba a ganar.
?Yo tamién lo conocí Pero el pobre ya murió. ¡Bastantes veces montó Un zaino que yo le di! Dejeló al que está en el cielo Que es otro Fausto el que digo, Pues bien puede haber, amigo, Dos burros del mesmo pelo.
Antes que todo, el color del caballo: es el rosillo de don José el resero; o el malacara de don Justo, un vecino fregador, que, cada tric y traque, viene a pedir rodeo; o el zaino bichoco del napolitano Juan -seguro que se habrán mixturado las majadas-, o el ruano de sobrepaso de don Eugenio, que viene a ver los cueros, o el caballo desconocido de algún transeúnte que viene a pedir licencia; y, según la visita, esbozan los ojos del campesino una sonrisa de contento o una mueca de fastidio.
Tanto que a don Braulio, se le entraron las ganas de darle a ese gringo una lección, haciendo con él carrera por dos mil pesos, aunque tuvo para juntarlos que comprometerse, si perdía, a entregar vacas a elección, al precio de quince pesos. Las vacas de don Braulio, a elección, bien valían veintidós; pero él no dudaba por un momento de la victoria del zaino.
El sol que se asoma :::por sobre una loma. :::Un pavo que se hincha. :::El zaino relincha. Cosas de la mañana. El patio mezquino, que despierta, en la indiferencia del kilométrico rastrojo.
Atento, galante, asiduo con las compañeras así conquistadas, las rondaba el zaino cuidadosamente, para que no se las volvieran a arrebatar, y buscaba para ellas los mejores retazos de campo, la mejor aguada, los cañadores más pastosos.
Sin necesidad de blandir el látigo, hizo la Mayorazga tomar a su yegua animado trote, mientras el rocín de Amaro, rijoso y emberrenchinado como una fiera, galopaba delante, a trancos desiguales y furibundos. Ama y escudero callaban; él taciturno y zaino más que de costumbre; ella, un poco melancólica, pensando en la noche de soledad.
Pasarán algunos años más; el zaino andará tirando agua en el jahuel, bichoco, flaco, con la cola en porra, y con abrojos en la crin; haciéndose el sordo cuando oiga sonar el maíz en el morral, y el ciego al ver otro caballo en el pesebre, bien cepillado y rasqueteado, lustroso y demasiado gordo para ser guapo como ha sido él.